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Es curioso
como el miedo
nos impide
ver más allá
de nuestras narices.
El miedo
puede llegar
a paralizarte,
a no dejarte sentir.
El miedo
se apodera
de las mentes
que en su momento
no le contemplaron.
Quizás esta vez,
el miedo
pase de largo
y desaparezca
de mi boca
este sabor amargo.
Tal vez
lo consiga
tu abrazo.

Cuando el recuerdo
de lo vivido
se apodera de tu mente,
ni el más sabio
de los consejos
va a poder con él.
Sólo el tiempo
acabará por
mitigar ese dolor
que te corroe.
Pero sólo porque
el corazón tiene
un límite
y decide que
hasta aquí hemos
llegado.
Nada más.

Dos sonrisas,
la que ves
y la que no.
Contigo,
también sonrío
por dentro.

Un cuerpo de mujer
sin broncear, cansado,
sabio,
espera.
Una piel vacía
de caricias,
suave, caliente,
anhela.
Un pecho pequeño,
valiente, dulce,
desea.
Una mente retorcida,
ansiosa, paciente,
sueña.